
Publicar un curso online sin una revisión completa suele descubrir problemas después, cuando ya hay alumnado matriculado: enlaces rotos, actividades mal configuradas, incoherencias entre lo que promete el temario y lo que realmente contiene el curso. Una revisión final centrada solo en erratas de texto deja pasar buena parte de estos problemas.
Una revisión estructurada, con distintos tipos de comprobación, reduce el riesgo de publicar un curso con fallos evitables.

