
Una baja imprevista a mitad de curso genera presión real: el grupo espera continuidad, el calendario no admite demoras y encontrar sustituto lleva tiempo que no siempre existe. Esa presión empuja a incorporar a la primera persona disponible, sea cual sea su encaje real con el puesto.
Ceder por completo a esa presión suele trasladar el problema al alumnado o generar una incidencia mayor poco después.
