
Una encuesta de satisfacción con buena puntuación media es fácil de conseguir y fácil de malinterpretar. Mide si el curso resultó agradable, bien organizado o bien impartido, pero no confirma que el alumnado haya aprendido lo esperado ni que vaya a aplicarlo en su trabajo real.
Medir el impacto real de una acción formativa exige mirar más allá de esa primera capa de valoración subjetiva.


