
Un curso publicado hace un año puede seguir enseñando un procedimiento derogado, citando una norma ya sustituida o recomendando una herramienta que ha cambiado de interfaz. Sin un proceso explícito de mantenimiento, esta desactualización pasa desapercibida hasta que alguien la reporta, si es que llega a reportarse.
Mantener un curso actualizado exige un proceso deliberado, no solo confiar en que alguien detecte el problema por casualidad.

