
Una primera candidatura solo necesita la información suficiente para valorar si existe un encaje inicial entre el perfil y la oferta. Pedir de más, además de generar desconfianza en quien se presenta, obliga a la empresa a gestionar y proteger datos que probablemente no necesitaba en esta fase del proceso.
Cuanto antes se piden datos sensibles, más difícil resulta justificar después por qué eran realmente necesarios para decidir sobre esa primera candidatura.



