
Seleccionar a un diseñador instruccional exige comprobar algo distinto a lo que se evalúa en un perfil docente: no solo si domina una materia, sino si sabe estructurar el aprendizaje alrededor de ella. Una prueba mal planteada puede acabar evaluando redacción o creatividad gráfica, no diseño instruccional.
Y, como en cualquier prueba de selección, conviene evitar que se convierta en trabajo real aprovechable por la empresa sin compensación.



