
Muchos proyectos de e-learning tratan la accesibilidad como una revisión final: comprobar si el contraste es suficiente o si hay texto alternativo en las imágenes antes de publicar. Esa revisión es necesaria, pero llega demasiado tarde si el diseño ya excluye a parte del alumnado desde el principio.
Un profesional que incorpora la accesibilidad desde el diseño evita rediseños costosos y, sobre todo, evita dejar fuera a personas que necesitaban un curso adaptado desde el inicio.
